El tesoro despreciado parte 3

Hoy hago entrega de la última parte de mi artículo El Tesoro Despreciado, espero haber edificado de algún modo la vida de mis lectores, espero y oro hoy al Señor que él nos conceda un espíritu humilde que le busque en todo tiempo. Yo el agradezco a mi Dios por darnos el invaluable tesoro de la oración. Señor Jesús, que oremos, que oremos en todo momento y por todas las cosas, amén.

    CÓMO DEBEMOS ORAR

Bien, querido lector, aquí está mi primer punto:

Oremos contándole a Dios las cosas, como si él no las supiera. Digo como si él no las supiera y no porque no las sepa, pues ciertamente él lo sabe todo, el rey David dijo: “Aún no tengo la palabra en la lengua, y tú, Señor, ya la conoces” (Sal. 139:4) El motivo porque el cual yo sugiero esto es porque contarle las cosas a Dios como si él no las supiera nos mantendrá atentos a los que le contamos. Algunas veces estamos haciendo algo a lo que llamamos oración pero que no lo es en absoluto,pues nos encontramos echando unas cuantas palabras sueltas al viento, diciendo algo que ni siquiera nosotros mismos sabemos bien que es. Digo yo que vayan a Dios con ese entusiasmo que ustedes suelen tener cuando le cuentan algo importante a alguien que desconoce por completo lo que ustedes quieren decirle. Hablen como si el hecho de que Dios entendiera su oración dependiera de ustedes y no de él; es verdad que no es así, y que Dios entiende aún las oraciones más defectuosas, pero no tomen como excusa esa realidad para hablar con desinterés cuando hablen con él.

En segundo lugar: oremos con nuestras propias palabras. Ay, ¿no les parece incomodo que a uno le den un consejo de estos? Es casi un acto de inmadurez que muchos oren con palabras que nunca usan excepto cuando oran ¡porque no hablan normal! ¡porque no usan sus propias palabras! ¡porque no se expresan con naturalidad! Dejen de usar las oraciones como un pretexto para ganar admiraciones de los hombres, hagan algo mejor cuando oren: pongan su mente, y su corazón en Dios, y entonces podrán poner también sus palabras en él, pues si oran para agradar a los que los oyen, eso será lo único que obtendrán. ¿Acaso no les parecería ridículo que alguien viniera a pedirles o a contarles algo y que se notara cierta afectación en su habitual manera de hablar? En lo personal me daría mucha risa. No digo que oren de cualquier manera, sino que oren de manera natural. Cuando ustedes hablan con alguien escogen las palabras correctas para hacerse entender, así mismo hagan con Dios, escojan las palabras correctas, claras y sencillas para hablar con él, oren con su tono, y oren con sus palabras.

En tercer lugar oremos con sinceridad. No le digan “Señor te amo” cuando de verdad lo que ustedes sienten es que han dejado de amarlo. Más bien díganle “Señor, siento que te he dejado de amar, y más aún siento que no le dado importancia al hecho de que te he dejado de amar, ayúdame a amarte más.” Saben, hay algunas canciones a las que yo me veo obligado a cambiarles alguna parte de la letra cuando están en el momento de alabanza. Si por ejemplo la letra dice “Vivo para agradare” pero yo descubro que he perdido por un momento mi norte con Dios, no me atrevo a decir eso, en cambio digo “ayúdame a vivir para agradarte” puede no cuadrar con el ritmo de la música original, pero cuadra mucho con la sinceridad del corazón. Así que no comiencen su oración matutina “señor gracias por este día” cuando lo que tienen en sus corazón es más bien un problema que merece ser expuesto con urgencia. No digan “señor, tu nos enseñaste que en el padre nuestro lo primero que debemos hacer es alabarte, y aunque tengo algo aquí en el pecho muy importante, voy a ser obediente y voy a seguir el orden que tu haz establecido” no, ¡no hagan eso! háganlo solamente si es lo que quieren hacer, de otro modo, vayan directamente a lo que sea su interés y abran su corazón con inmediatez. No den rodeos, no sigan formulas ni formatos ¡abran su corazón con sinceridad! Empiecen con el problema si les urge, empiecen con su dolor, con su tristeza, sean honestos; si tiene que empezar con su alegría, háganlo también, pero si tienen que comenzar con su dolor, no lo hagan esperar. Si lo más honesto que deben hacer es pedir, pidan con confianza; si lo más honesto que pueden hacer es cantar, canten. si lo mejor que pueden hacer es agradecer, háganlo entonces.

Por ultimo Oremos con fe en Dios. Esto quiere decir terminen sus oraciones y estén tranquilos. Sientan que ya han dejado el asunto en las manos de Dios, y vuelvan a sus labores cotidianas con paz, pues así debe ser. Es una ofensa de un tamaño inmedible, una ofensa como ninguna otra el que alguien venga a Dios, tome un tiempo para contarle sus situaciones, pida alguna bendiciones y luego se marche como si no hubiera hecho nada, como si Dios hubiese permanecido incólume, inmisericorde, indiferente a las oración de ese hombre; ¿qué tipo de Dios piensa el tal que es el Dios a quien oro? ¿Acaso piensa que es un Dios sordo o sin corazón? Y si piensa que es un Dios que no oye y que no se inmuta por una oración sencilla y sentida ¿entonces para que ora? Si alguien ofende a Dios de aposta, si es capaz de mirar al cielo y maldecir a Dios y luego se va satisfecho porque siente que pudo injuriarlo y saciar su tonta ira, aun ese necio atrevido tiene más fe que aquel que va a pedir misericordia a su Padre celestial y se va con la misma tristeza, afán o preocupación con la que llegó, como si no fuera a recibir nada. Oren con fe, oren y estén tranquilos, así debe ser.

Dios los bendiga
@EdwinLacoljet