En el ojo del huracán

Hace un par de semanas un amigo estuvo en el ojo del huracán pues en un partido de fútbol lo expulsaron debido a que quiso acariciar a puños la espalda de un jugador del equipo rival. Esto no hubiera pasado a mayores en las redes sociales, si mi amigo no fuera confeso seguidor de Jesucristo.

La verdad es que lo conozco desde hace años, y entendiendo la dinámica del juego, nunca se había comportado así, su forma de encarar a los rivales ha sido limpia en todo sentido. Es que el fútbol despierta muchas pasiones y cuando lo practiqué no recuerdo haber salido a ningún campo de juego para hacer amigos sino para ganar todos los partidos –esto lo entendemos los apasionados–.

Un hombre de Dios me dijo alguna vez: “Si quiere conocer verdaderamente a alguien, llévelo a jugar un picadito –juego de fútbol con amigos- para que conozca su carácter”. De hecho, allí he conocido mi verdadero yo y en el caso de mis allegados su verdadero “ellos”.

Al margen de su equivocación, me llamó la atención los comentarios que le escribieron reclamándole su comportamiento y algunos lo amonestaron con palabras pasadas de tono. Así es el tema con aquellos que nos piden coherencia, porque su fe no era consecuente con su comportamiento.

El problema de dar a conocer nuestra creencia radica en que muchos nos criticarán por hacerlo y ser diferente a ellos; mientras otros estarán pendientes de cualquier traspié para caernos encima, aplastarnos y amilanarnos con toda clase de comentarios.

No conozco algún cristiano que esté libre de su carne. Los que hemos puesto nuestra fe en Jesús no somos producto terminado sino que cada día nos esforzamos por permitir que él crezca y nosotros mengüemos.

Perfecto es Dios, nosotros estamos permitiendo que él viva en nuestros corazones. Los errores se valen siempre y cuando estemos dispuestos a reconocerlos y a aceptar que aún falta mucho por trabajar.

Jesús le dio una respuesta sin precedentes a un grupo de fariseos (ellos no tenían redes sociales en su tiempo pero pareciera).

“Arrojar la piedra” en lenguaje actual es el equivalente al bullying; solo que esta palabra es más play (en este caso sería acoso al que piensa o actúa diferente al común denominador).

Si aplicáramos este mandato, los juicios, comentarios, exageraciones
y críticas no tendrían la cabida que tienen hoy.

¿Qué ganas tenemos de arrojar piedras?

Podría llegar a ser un nuevo deporte que reemplazaría fácilmente al de patear el balón, incluso llegaríamos a ser campeones mundiales porque algunos son hábiles para enjuiciar desde sus redes sociales además de convencer a sus lectores.

Cuando pequeño, una de las escenas que más me gustaba de las películas era cuando el policía le decía al capturado en flagrancia: “todo lo que diga puede ser usado en su contra”.

Esto no es un verso bíblico pero tiene toda razón y quisiera complementar la frase con una famosa que reza: “palo porque bogas y palo porque no bogas”, es decir, malo porque hago y malo porque no hago.

En la sociedad hay personas con tan doble moral que censuran con razón algunas cosas deplorables pero con otras igual o peores nos demandan ser tolerantes.

Debo reconocer que aún queda mucho por trabajar en mi carácter. He permitido palabras que no lucen bien en mí, de pronto comportamientos no dignos de un cristiano e incluso para mi desdicha, una y otra vez he repetido errores que creí superados. La realidad es que continúo en el proceso y a veces me siento como un producto elaborado con un alto estándar de calidad pero que en alguna etapa de su elaboración surgió algo no propio de él y por eso debe ser dependiente ciento por ciento de su hacedor para volver al diseño original.

Jamás utilizaría como excusa que todavía me faltan áreas por cambiar porque estoy seguro de que no encontraría eco en ninguna contraparte. Estoy seguro de que todos aquellos que demandan que seamos infalibles son instrumentos para formar nuestro carácter y no resta otro camino que amarlos pero no como nos aman… y sencillamente dejarlos de leer… Jajajajaja

La verdad es que hablar de nuestra fe demanda alto compromiso de nuestra parte.

Cuando mi amigo fue expulsado le escribí para saludarlo porque sabía que estaba achantado por su actitud. Quise subirle al ánimo y encontré que pese a su experiencia seguía siendo un hombre que aplicaba los principios bíblicos porque la Biblia dice: